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Allá no es casa, pero aquí puede ser hogar. 

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Portada exposición Tierras Prometidas por Gisel Pajarito

Fariba es una mujer de 61 años que se parece mucho a muchas mujeres mexicanas. A ella el pozole no le sabe sin limón, está preocupada por la seguridad de sus hijas, dice que ocupa cuando necesita algo. También se levanta temprano y hace un ruidazo “accidental” que despierta a toda la familia, platica con toda la fila formada de la quesería, hace malabares para balancear las horas entre su empleo y el las horas que dedica al trabajo de cuidar. Regaña con los ojos, y que antes pierde amistades que sus tuppers. Pero al igual que muchas personas en esta país, ella convirtió a México en su hogar cuando era muy joven. 

Fariba escapó de un conflicto armado que puso en riesgo la estabilidad de un país que ella y su familia llamaban hogar. A Fariba no sólo la ponía en riesgo haber vivido en medio de una revolución que transformó el sistema político de Irán. También que ella era joven y que pertenece a una comunidad religiosa perseguida en ese país. Como muchas personas Baha’is y con formas divergentes de pensamiento; Fariba fue perseguida por grupos inspirados en falsas interpretaciones de los principios que inspiran el Islam. Fariba a sus 17 años decidió dejar a su maman (mamá) y boboh (papá) para aventurarse contra su voluntad a encontrar refugio en un país completamente desconocido. 

Fari, como le llamamos quienes la queremos, es una de las millones de víctimas de desplazamiento forzado en el mundo, ese fenómeno por el que las personas se ven obligadas a dejar sus hogares como consecuencia de las persecuciones, discriminaciones, desastres naturales, y violencias que atentan contra su dignidad e identidad. 

Desplazamientos forzados

Las personas desplazadas no equivalen exclusivamente a migrantes, ya que la migración puede entenderse como un “proceso complejo, motivado por diversas razones, que se realiza con la intencionalidad de permanecer en el lugar de destino por periodos cortos o largos, o, incluso, para desarrollar una movilidad circular”. La migración se puede suscitar por razones voluntarias, como la búsqueda de condiciones laborales más adaptadas a sus necesidades, o de forma involuntaria como resultado del miedo y la preocupación. 

Como lo indica el Banco Mundial, las personas desplazadas migran huyendo de los conflictos, la violencia, u otros peligros; con el fin de encontrar seguridad y medios de subsistencia. A menudo experimentan un trauma, no tienen activos y quedan en el limbo; terminando en destinos donde no hay oportunidades de trabajo, como resultado de las decisiones inmediatas que se toman frente a un futuro incierto. En el mundo casi 60 millones de personas han sido desplazadas. De estas personas, 19.5 millones han encontrado refugio en otros países y 38.2  millones han huido al interior de su país. El mundo no había experimentado un movimiento así desde la Segunda Guerra Mundial. 

Esto no sólo sucede entre países, pero también sucede al interior de los estados y naciones. De acuerdo a la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos; en México cada año miles de personas son desplazadas internamente entre municipios y estados. Se trata de personas, familias y a veces hasta poblaciones enteras que son obligadas a dejar sus hogares y tierras para proteger su vida frente al crimen organizado, la violencia de género o la discriminación. 

El desplazamiento forzado representa una cadena de violaciones a los derechos humanos, fuertemente entrelazadas y que generan vulnerabilidades en cascada.

No sólo se presentan violaciones a los derechos de las personas en las causas y acciones violentas que orillan a la movilidad y a dejar el hogar. Dichas violaciones, también aparecen en las recurrentes barreras para el acceso a la vivienda, alimentación, educación y empleo en las comunidades de acogida que se convierten en sus nuevos hogares. Aunque posiblemente jamás puedan llamarlo tal. Las personas desplazadas son recibidas generalmente por otra serie de obstáculos discriminatorios por “no pertenecer” de naturaleza cultural que se manifiestan en comportamientos excluyentes en las empresas, escuelas, centros culturales y en la dinámica comunitaria. Es decir, dejar la tierra donde se echó raíz no es suficiente para cortar el ciclo de vulnerabilidad. 

Un nuevo hogar

Este desplazamiento forzado es un fenómeno que requiere de una acción coordinada global y nacional que permita combatir las causas que originan la migración de esta modalidad, y que se destinen recursos solidarios para que las comunidades de acogida tengan la capacidad financiera para responder a las necesidades de todas las personas que llegan a ser parte de su cotidianidad. 

Sin embargo, existen contribuciones significativas que podemos hacer todas las personas, migrantes o no. La colectividad tenemos el poder de hacer un frente anti discriminatorio basado en derechos humanos pero sobre todo en la solidaridad humana; qué acelere el proceso de integración de estas personas a la dinámica de nuestras ciudades y barrios. Pero qué también demuestre bondad frente al trauma generado por las condiciones que orillaron su migración. 

En el contexto global, la estabilidad no es una cualidad intrínseca a la vida en comunidad.  En realidad, siempre tendremos amenazas de distintos tipos que en contextos propicios podrían generar la presión suficiente para el desplazamiento forzado. Todas, tú, y yo podríamos ser personas desplazadas por el simple hecho de ser mujeres, por ser libres para creer y amar; por nuestra edad o por cualquier otro ingrediente de nuestra identidad. Mientras no tengamos que enfrentarnos a esto, las comunidades tenemos el poder transformador de decir “allá no es casa, pero aquí puede ser hogar” para miles de personas en el mundo. 

Fariba y su familia

Cierro agradeciendo a todas las mujeres y sus familias. Ellas que a pesar de todos los obstáculos puestos en el camino, no sólo encontraron en este país un nuevo hogar; pero también trabajan todos los días para que este sea un lugar donde nadie tenga que huir por el simple hecho de ser quienes son.