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Cómo ser la señora de las plantas y ganar salud mental en el intento.

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La pandemia ha sido muy desafiante para todas en muchos sentidos. Particularmente lo fue en esos días que tuvimos que pasar más tiempo en nuestras casas; cuando los horarios de trabajo parecían desdibujarse y los calzones con camisa o blusa formal se volvió el nuevo dresscode para cualquier videollamada. En esos meses surgió un movimiento fuertísimo e imparable que mostró, para muchas,, una realidad que  habíamos negado y de la que habíamos intentado huir a toda costa: Somos las señoras (o señores) de las plantas. 


Así es. Nos alcanzó esa vocación (si no es que objetivo de vida) que antes habíamos usado para categorizar a nuestras mamás y tías que tienen casas que rayan en viveros, que les platican y le ponen nombre a cada planta; y que, de repente, se roban un codito de sus vecinas cuando no las ven. Por supuesto que no vamos a juzgarnos por eso, sino que lo vamos a aceptar y lo vamos dejar crecer en nosotras, igual de rápido que está creciendo ese codito de teléfono (potos/Epipremnum aureum) que pusiste en tu botella de vino vacía.

Seguramente has logrado darle un toque muy especial a tus espacios con tus nuevas plantas. Pero deberías saber que ser la señora de las plantas también puede traer consigo efectos muy positivos. Esto ya que tiene un gran impacto positivo sobre la salud mental y el estado de ánimo.

Por un lado, se relaciona con el concepto de biofilia, que viene de las palabras griegas “vida” y “afecto o amor”, es decir “amor a la vida”; esa relación inherente que las personas tenemos con otras formas de vida y con la naturaleza. El biólogo Edward O. Wilson, aseguraba que el contacto con la naturaleza es esencial para el desarrollo de las personas, que son, a su vez, parte de esta naturaleza y que, por ende; guardamos una relación emocional profunda y heredada con el resto de mundo natural, incluyendo sus animales y plantas.

Cuando entramos en contacto con esa naturaleza, aún en pequeñas dosis como las plantas en nuestras casas; tiene un impacto muy similar al que sucede cuando nos relacionamos con otras personas y cuidamos de ellas.

Para las personas que vivimos en pequeños espacios en grandes ciudades, estas breves interacciones representan una significativa conexión con aquello de lo que formamos parte y nos permite entendernos como parte de un universo más grande al que pertenecemos. El mismo acto de hacer una selección a conciencia de una planta; pensando en que el espacio en el que la pondremos tenga la suficiente luz y el viento corra para que pueda crecer, es un paso importante para nuestra capacidad de preocuparnos por cuidar otras vidas además de la propia.

Esto ha sido muy bien explorado por las distintas técnicas de terapia hortícola, que utiliza la jardinería, el campo y las plantas para acompañar en procesos de sanación a personas con depresión o víctimas de algún suceso traumático. Esta terapia sostiene que observar cómo una semilla se transforma en planta y sigue creciendo dando flores y frutos, es muy similar a ver la generación de vida sucediendo en nuestras propias manos. De ahí viene gran parte de nuestra emoción cuando tenemos un nuevo brote en nuestra favorita y corremos a publicarlo en nuestras redes sociales; logramos conectar con una cadena de cuidado de la que también somos un eslabón. 

Para muchas personas ese momento de cuidado al regarlas o limpiar sus hojas, sirve como espacio de meditación e introspección. Incluso podría dejar de considerarse como un pendiente más que hacer en casa, para convertirse en uno de los más esperados para combatir el estrés cotidiano; desconectar y darle algo de paz mental a nuestra rutina. 

Finalmente, al desarrollar las habilidades necesarias para cuidar a nuestros brotes y plantas; aumentará nuestra capacidad de relacionarnos de forma armónica y cuidadosa, que beneficie todas las relaciones. Así como nosotras nos beneficiamos con las bondades de las plantas, y ellas del riego y abono que les damos.

Posiblemente lo anterior no nos vaya a salvar de matar a una que otra plantita o de entristecernos por cada hoja que se le cae a ese pandurata (Ficus lyrata) que tanto trabajo nos cuesta mantener, pero eso no debería significar que nuestra salud mental colapsará o que no podremos llegar a establecer relaciones sanas con  otras personas.

Lo que sí significa es que, habernos convertido en las señoras de las plantas (y a mucho orgullo); ya nos puso en un camino en el que no sólo tendremos un departamento u oficina preciosa, rodeada de vida. Sino que, además. estaremos caminando rumbo a un mejor estado de bienestar mental y de relaciones armoniosas.

Ahora que si vas comenzando en este culto o quieres aprender más sobre cómo ser una señora de las plantas ejemplar; acá te comparto algunas de las cuentas de Instagram que te puedan ayudar:

nenaplantsflow
wonder_m_r/
deplantasybarro
ahuehuete.gdl
aplantortwo
ciabotanica
foreverplanty
monko_the_plant

Fotos por @dianadeayer
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