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¿El Buen Fin y la sustentabilidad se llevan bien? El fin feliiiii

¡Qué pregunta! Empecemos por el principio ¿qué es el buen fin y por qué nos emociona tanto? Si eres de mi rodada (est. 1996) entenderás que el buen fin no siempre ha estado en nuestras vidas. Ese fin de semana de descuentos por todos lados es una adaptación mexicana del famoso Black Friday creado en Estados Unidos en la época de oro del consumismo.

La expresión Black Friday se comenzó a hacer famosa, con las connotaciones que conocemos hoy (y que son relevantes para este artículo) en 1966, cuando la revista The American Philatelist utilizó el término Black Friday para referirse al día de descuentos en donde las tiendas podrían pasar de número rojos (saldo en contra) a números negros (ganancias, wiiii). El 19 de noviembre 1975 se bautizó oficialmente ese día cuando The New York Times usó este término para referirse “al problema circulatorio que se originó en la ciudad a raíz de los descuentos del día posterior a Acción de Gracias”.

El Buen Fin

En México este día de descuentos tiene su adaptación a lo que, desde el 2011, conocemos como El buen fin que de un inicio era, como su nombre lo indica, un fin de semana con la misma finalidad que el Black Friday: darle descuentos mayores a los compradores y así las ventas de los comercios se eleven.

Económicamente la estrategia es clara pero en este nuevo mundo donde existe mucha más información sobre consumo consciente, adaptar la antigua estrategia de El buen fin a una propuesta sustentable (si es que existe) tiene dos principales problemas: el ambiental y el social.

Sus consecuencias ambientales

Ambientalmente El Buen Fin tiene repercusiones medibles mediante las emisiones de carbono, las métricas más recientes son del 2019 donde “4.7% de las emisiones anuales de la Ciudad de México ocurrieron durante estos cuatro días. Del total de estas, 67% se debieron a la producción y comercialización de productos, 33% a transporte (tanto de personas que van a comprar como entrega de mercancías) y menos de 1% a embalaje” Aún no hay datos oficiales del impacto de este evento en 2020 pero de el 2019 podemos ver cómo el impacto para sólo ser sólo un fin de semana al año, es alto.

Socialmente, la necesidad colectiva que el momento de júbilo hace en tu mente para que quieras comprar algo porque lo deseas, no porque lo necesitas, es uno de los grandes problemas que terminará aumentando la carga ambiental de nuestras decisiones: la mayor trampa del consumo irresponsable.

Por otro lado, este mismo júbilo hace que nos olvidemos de checar de dónde viene lo que queremos comprar, ¿quién lo hizo y con qué materiales está hecho? ¿realmente me va a durar esta compra? Otro de los básicos del consumo responsable que se pueden llegar a olvidar fácilmente en estas fechas.

Cuando tenemos esta presión colectiva que todo el tiempo te dice que en este momento comprar esta bien (todo tiene descuentos) y peor aún, llevas ya un rato tratando de ser más responsable en tus compras y cuestionado tus hábitos; es en estos momentos cuando la presión hacia ti como humano que tiene emociones se vuelve más fuerte. Es como si sacaras de fiesta por primera vez a un alcohólico que sigue atravesando por su proceso de rehabilitación.

Un Buen Fin responsable

Pero este Buen Fin, como dije al principio y repito en este momento, no debe satanizarse, porque entonces probablemente boicotearíamos a los pequeños productores, a los medianos productores, a las marcas nacionales y a las marcas conscientes que tratan de sobrevivir en el mismo mundo en el que todos estamos metidos, el capitalista; y los verdaderos causantes del deterioro del medio ambiente seguirían con las mismas ganancias de siempre. Mi propuesta: usemos El Buen Fin a nuestro favor *emoji de diablillo feliz*.

¿Cómo sobrevivo a la presión del buen fin y busco un balance en estas fechas? Aquí te voy a dejar unos consejos reales que te ayudarán a pasar estas fechas famosas no solo por su comida deliciosa sino por su enorme consumismo desmedido:

Haz una lista de cosas que necesitas

Salir a ver o scrollear en tu cel para checar si “necesitas algo” de lo que está en promoción es el primer paso para gastar tu dinero inconscientemente. El Buen Fin te puede ayudar a conseguir cosas que realmente necesitas y de paso llevarte un descuento de por medio. Para que no compres de forma irresponsable, haz el mismo ejercicio de cuando vas al súper: hacer una lista para que no compres comida que no te vas a comer o que es chatarra y no le hace bien a tu cuerpo. Analiza si realmente necesitas comprar algo en estas fechas y si tu respuestas es sí, adelante.

¿Llevas mucho rato queriendo comprarte un rastrillo de metal pero cuestan arriba de 150 peso? Este puede ser el momento. Comprar no está mal, hacerlo de forma inconsciente o por satisfacer necesidades emocionales, sí.

Tu compra está apoyando a un negocio, tómatela en serio

No es lo mismo comprarle a W*lmart que a la tienda de refill de la esquina. Una vez que decidiste qué cosas sí necesitas comprar en tu vida (y sabes que este puede ser el momento para hacerlo) anticípate a ver qué tiendas tienen los mejores procesos de venta. Ya sea que sus políticas de transparencia sean buenas, o que sepas que su producción es responsable, conocer los lugares en donde invertirás tu dinero, te hace automáticamente un consumidor responsable.

No siempre puedes encontrar todo en un solo lugar. A veces cuando un producto es nacional no tiene políticas transparentes :/ pero es tú decisión saber a qué parte de la compra le darás más peso. En el caso de los electrodomésticos, por ejemplo, que les compres directamente a las marcas nacionales, podría ser una mejor opción que comprar en alguna tienda intermediaria.

No gastes más de lo que tienes

A veces esa misma presión social de la que hablábamos anteriormente hace que te endeudes ¡lo peor que puedes hacer por tu salud mental! Si vas a comprar algo es porque sabes que puedes pagarlo. Y sobre todo no lo compres si no es algo que sea básico para tu vida.

Porque recuerda la clave de la sustentabilidad está en el balance. Y la clave de ser un consumidor responsable está en nuestras decisiones y exigencias al mercado.

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