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El desperdicio de agua en México


EL USO EXCESIVO CONSTANTE DEL AGUA ESTÁ OCASIONANDO UNA CRISIS. SE HA ESTABLECIDO UN MODELO ECONÓMICO QUE FAVORECE SU EXPLOTACIÓN PERO NO SU PREVENCIÓN.


En México (y el mundo) existen muchos problemas con el agua. En la Ciudad de México, el desperdicio por fugas equivale al 38% del total de agua, mientras que en Iztapalapa hay colonias donde tienen acceso algunas horas durante un par de días a la semana. Incluso antes de la pandemia las pipas de agua eran a menudo secuestradas en varios de los barrios de la Ciudad de México.

Muchas mentiras rodean el tema del agua. Entre ellas que se está acabando: “el volumen del agua contenida en el planeta es el mismo desde nuestros orígenes y no va a disminuir”. Su mala distribución, privatización, contaminación, la destrucción de los ecosistemas y la emergencia climática nos han llevado a una situación alarmante.

Grupo México derramó 40 millones de litros de sulfato de cobre sobre el río Sonora en Cananea, en Mazapil las mineras extraen cientos de miles de metros cúbicos de agua secando así varios pozos de agua, dejando a los ejidos sin nada; en Baja California y en el norte de Coahuila, las cerveceras. 12 millones de personas carecen de acceso al agua potable. Mientras hay sequía en muchas regiones, otras sufren de inundaciones. De 613 acuíferos, 273 están sobreexplotados (según cuenta propia, con datos de CONAGUA), y 18 tienen intrusión salina (debido a su explotación intensiva), volviéndolos inutilizables. 80% de los cuerpos de agua del país presenta algún tipo de contaminación por descargas industriales. Debido a la pobre calidad del agua, México es el país número uno en consumo de agua embotellada del mundo (y el segundo en consumo de refrescos).

“El problema no es la escasez de agua sino su mala gestión y distribución”, como dijo Leonardo Boff. O como dice Guadalupe Nettel: “Mientras unos cuantos individuos mantienen inmensos campos de golf, pastizales y piscinas, pueblos enteros carecen de ella. Quienes acaparan el agua acaparan la vida y nos condenan a todos los demás a la muerte.”

La Comarca Lagunera

La Laguna es una comarca semidesértica, calurosa, seca; famosa por sus terregales y las dunas de Bilbao. Se asentó a las orillas de los ríos Nazas y Aguanaval, desecados en varios tramos debido a la construcción de cinco presas que comenzaron en los años 50s. En 1949 se creó la empresa lechera Lala, una de las principales productoras de leche y carne a nivel nacional (y dueños, entre otras marcas, de Nutrileche). El agua de las presas se dedicó a la agricultura y la ganadería.

En sus inicios, La Laguna fue un gran centro algodonero y todavía hoy en día produce gran cantidad de forraje para animales, nuez, hortalizas y frutas. Por muchos años se creyó un oasis en el desierto, produciendo alimentos y creando muchos empleos con el dinamismo norteño; todo esto, a expensas del agua del subsuelo, alimentado por la cuenca del Nazas.

Con los años el nivel del agua de los pozos bajó hasta un nivel donde se asentaban otros minerales y metales pesados como el plomo y el arsénico. Se han tomado medidas paliativas, como instalar filtros “a pie de pozo”, pero aún así se han detectado concentraciones de hasta 500 microgramos de arsénico. Grandes cantidades de arsénico producen cáncer de piel, de vejiga, de pulmón, de riñón y de hígado, junto a otras enfermedades. Las llagas por arsénico parecen de lepra. Una dosis superior a los 65 miligramos suele provocar muerte.

El agua se sigue sustrayendo, la concentración de arsénico aumentando, y también el tamaño de Lala como la principal empresa de la región. Las empresas forrajeras, que alimentan las vacas, consumen casi el 90% del agua del subsuelo, mientras que el consumo doméstico de un millón y medio de habitantes, menos del 6%.

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Agua Saludable, un proyecto de Lala con el gobierno federal, pretende entubar agua del río Nazas y enviarla a la Comarca Lagunera. Es un proyecto ineficiente: la mitad del agua se perdería a la mitad del camino, requiere de mucha energía, y no resuelve el problema del robo de agua en los pozos ni del abatimiento del agua en el manto freático.

Debido a los bajos niveles de agua en los pozos, las poblaciones más alejadas de las ciudades tienen muy poco acceso a la misma, dependiendo en muchos casos de la repartición por medio de pipas de agua, (algo que también está pasando en Iztapalapa). Y como es un bien preciado, es motivo de disputas y robos.

Peñoles es la otra megaempresa de la comarca, una fundidora de metales que también libera en el aire plomo y arsénico, así que si no es una, es otra. En Peñoles ha ido bajando mucha presión sobre este tema, se instalaron filtros especiales en su planta, reduciendo mucho su emisión de contaminantes.

Bacalar

Bacalar, otra laguna que hace pocos años era un paraíso tropical, sufre de otro tipo de problema con el agua: su color cristalino ha dado paso a tonos cafés, casi negros en algunos momentos. El caribe es azul y bonito porque tiene muy poca materia (orgánica). Bacalar es oligotrófico, con casi nada de nutrientes de carga orgánica, y por eso es azul. O era.

La laguna de Bacalar ha cambiado de color debido principalmente por las lluvias y también porque están entrando demasiados desechos al agua, los cuales naturalmente no tienen nutrientes.

Hace unos días salió un reporte de ECOSUR sobre el caso documentado de millares de caracoles muertos en la laguna. La muerte se debió a una descarga exagerada de agroquímicos, con exceso de materiales pesados, cloro y otras sustancias. “Los pesticidas que están hechos para matar, entran a la laguna, y matan” nos comenta Nicole Solís Oberg, de Agua Clara, una organización en defensa del agua. “Las aguas no se tratan lo suficiente y no sabemos a donde van las descargas. Incluso si tienes una fosa séptica en tu casa (en esta península en particular, por su suelo poroso), esa agua con todos sus contaminantes se van a filtrar al manto freático”.

El agua circula: lo que se descargue en cualquier lado de la península se filtra al subsuelo o se acarrea por riachuelos y ríos a los lagos y lagunas, a la bahía de Chetumal, y al Caribe. En la península, “literalmente estamos cagando donde comemos”, porque “tomamos agua de donde tiramos nuestros desechos”. Y esto acarrea muerte de ecosistemas, y enfermedades para los seres humanos.

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Con la construcción de la carretera Chetumal-Cancún se favoreció el acceso a Bacalar; en 2006 la sectur presentó a Bacalar como centro turístico internacional en las ferias de turismo, y en el 2009 fue inscrito como pueblo mágico. Convergen así los esfuerzos por promocionar a Bacalar como un destino ecoturístico distinto a Cancún. Tuvo éxito, con creces: se fraccionó en Bacalar casi toda la franja costera de la laguna, con predios incluso de 5 metros, y se construyeron casas (particulares y para AirBnB) y hoteles.

Con cada casa, viene una mayor demanda de agua, y al ser desechada contiene una carga de contaminantes. “Si calculas que cada persona usa entre 150 y 350 litros al día”, entonces tenemos un problema: el mayor atractivo de la laguna terminará desapareciendo, y el turismo acabará junto con la laguna.

“El problema ahorita es que las autoridades municipales, como tienen hoteles y restaurantes, les interesa tener más turistas, y por lo tanto no limitan los permisos de construcción”. Esto aunado a la dificultad de construir en la gran reserva que existe entre Tulúm y Carrillo Puerto; Bacalar se convierte en un punto neurálgico para las constructoras.

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En Chetumal “están comenzando a dar permisos de construcción sobre el manglar, donde ni siquiera está permitido”. Aplican la tradicional quema de árboles; prenden fuego, limpian los restos, declaran ante el municipio que nunca hubo manglar y el municipio otorga el permiso de construcción.

En Agua Clara intentan tener un registro fotográfico de todo el manglar para frenar esta práctica, pero son 60 km para pocas personas con poco presupuesto y equipo técnico/personal. “Lo mismo le pasa a la PROFEPA. Deberían estar vigilando esto, pero a veces no tienen ni para la gasolina”.

Ciudad de México

Entonces: falta de regulación, destrucción del ecosistema, poco tratamiento del agua. En esto último empata con el mayor tema pendiente en las ciudades, y principalmente la CDMX. En México sólo 57% de las aguas residuales son tratadas; 54% de las plantas menores a cien litros por segundo funcionan y 25% lo hacen de manera adecuada. “En consecuencia, más de l 50% de las plantas de tratamiento municipales en México presentan una calificación global de pésimo a mal funcionamiento”. México es la segunda nación en el mundo después de China, que más usa agua residual cruda para el riego, acarreando con esto patógenos y metales pesados a los alimentos que consumimos.

El segundo problema de la Ciudad de México es el abasto. El sistema Cutzamala, que provee poco menos del 30% del agua de la ciudad (el resto viene del subsuelo), está en sequía extrema. Se están buscando nuevas presas que puedan servir de abasto a la ciudad y así permitir que el Lerma y el Cutzamala se recuperen un poco.

Lamentablemente, el mismo sistema fue creado para reducir la cantidad de agua que se extrae del subsuelo, (y que causa el hundimiento de la ciudad y su vulnerabilidad ante los terremotos). También se busca rehabilitar pozos y encontrar otros más, así como algunos programas piloto de captación de agua de lluvia, pero la demanda continuará aumentando.

El tercer problema de la ciudad son las fugas de agua, donde se pierde el 40% de toda el agua que tanto trabajo cuesta obtener. No es que no se esté haciendo nada, la eliminación de fugas es una de las prioridades del gobierno de Sheinbaum, pero es un problema que se ha arrastrado por décadas con infraestructura vieja y poco mantenimiento. No se va a resolver en un año ni en seis.

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El cuarto problema, la distribución. Mientras las delegaciones occidentales no tienen problemas al regar sus campos de golf (Miguel Hidalgo y Cuajimalpa), las más céntricas tienen problemas algunas veces al año (Cuauhtémoc, Polanco, Coyoacán, Benito Juárez), Iztapalapa y partes de Tlalpan y Gustavo A. Madero tienen muy poco acceso al agua.

En parte es por su mayor distancia de los centros de distribución (lo que causa una menor presión en el flujo del agua), en parte por infraestructura deficiente en las casas y las coloniasLa realidad es que alrededor del 70% de la ciudad tiene menos de 12 horas de agua disponible por día. El acceso al agua en la ciudad es un espejo de la desigualdad.

La mala distribución se repite a lo largo del país. “Paradójicamente, la población, la actividad económica y las mayores tasas de crecimiento se concentran en el centro y norte de México, donde solo se tiene la tercera parte de la disponibilidad natural. Se asientan tres cuartas partes de la población y se genera el 85% del Producto Interno Bruto”, dice CONAGUA.

Básicamente las regiones con más agua son las más pobres y con menos población, mientras que las más ricas y pobladas se ubican en el norte. También el sector que más consume agua es el agrícola, mientras que el uso doméstico es mínimo en comparación.

Texto e imágenes cortesía de Coolhuntermx.

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