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El trabajo de las mujeres artesanas en Los Altos de Chiapas

Cuando salió la oportunidad de conocer San Cristóbal de las Casas la acepté encantado. Había escuchado de la ciudad por el trabajo de NGOimpacto, de María María y Guillermo Jester. La intención era conocer la ciudad más grande de la región de Los Altos de Chiapas, pero también ver más de cerca el trabajo que hacen las mujeres artesanas y como este ha evolucionado en la búsqueda de nuevas y mejores oportunidades. 

Desde que pones un pie en San Cristóbal puedes notar a las mujeres de Chamula luciendo unas faldas de lana negra que cautivan la atención. Las calles se llenan de colores con el trabajo textil y te atrapan hasta llegar al Mercado de Santo Domingo, el cual se compone principalmente de trabajo textil de diferentes comunidades de la región. Al ser mi primera vez aquí no pude evitar admirar el increíble trabajo e intentar llevar algo a casa. Pero, ¿esta compra estaba dentro de un esquema de trabajo ético? Mi primer instinto fue pensar que sí, la mujer que me ofrecía piezas de diferentes regiones me contó que ella era de Chamula. Aún así decidí esperar para realizar alguna compra y conocer más la ciudad y a sus habitantes. 

Casilda Mut

Tuve la fortuna de conocer a Claire, directora creativa de Casilda Mut. Ella es originaria de Chiapas pero de una región más cercana a la capital, Tuxtla. Después de estudiar diseño de moda en Guadalajara decidió emprender su marca, la cual mutó hasta convertirse en Casilda Mut. Actualmente cuenta con un bello taller en San Cristóbal y colabora con comunidades de los Altos para la creación de sus piezas. Las colecciones de la marca se realizan anualmente, en mi visita estaba trabajando en Mujer Pájaro, su siguiente entrega. 

Después de conocer al equipo que trabaja en el taller, emprendimos camino a Amatenango. La intención era conocer a una de las mujeres que colabora con Claire dentro de Casilda Mut. Tras una hora de camino en medio de bosques y prolongadas curvas, llegamos a una pequeña comunidad. Aquí Josefa y su hija Angelina, nos contaron sobre el trabajo artesanal qué hacen, desde plisados hasta “lujos”; de esta manera se refieren a los bordados decorativos que en algunas ocasiones reproducen o imitan patrones característicos de su comunidad.  

Josefa y Angelina

Estas oportunidades representan para la familia un ingreso justo y constante. Esto me hizo recordar la historia de la Sra. Magie, quién empezó colaborando con Claire y con el tiempo puso su propio taller. Juntas crecieron y se posicionaron como empresarias. Lo mismo sucede con Nayeli, quien inició en la marca mientras estudiaba corte y confección en una escuela técnica. Su trabajo en Casilda Mut la motivó a estudiar diseño de moda, ahora cuenta con un taller propio y participa activamente en las decisiones creativas de la empresa. 

Así hay muchas historias más de mujeres que iniciaron en la empresa en búsqueda de trabajo; pero lograron crecer y encontrar mejores oportunidades dentro de la misma empresa. Creo que este es un punto importante a destacar al momento de hablar de esquemas de trabajo éticos: sus participantes tienen la oportunidad de crecer y son libres de tomar decisiones para mejorar sus vidas. 

Regreso a San Cristóbal nos detuvimos a comer y tuvimos una plática sobre la situación actual de la industria. Otra cosa que puedo reconocer a la marca y a Claire es su transparencia. No tuvo reparo en contestar mis preguntas sobre materiales, sobre esquemas de trabajo e inquietudes. En su tienda de San Cristóbal hay un muro con fotografías de algunas de las colaboradoras.

Taller de Casilda Mut

Ella también me contó que en la ciudad es común encontrar mujeres de comunidades originarias que compran prendas a sus compañeras y las re-venden en la ciudad. Eso está bien, pensé. El problema es que en ocasiones se aprovechan de aquellas que no pueden salir de la comunidad para pagar a muy bajo precio las prendas y venderlas con un margen de ganancia altísimo. Y no sólo eso, en muchas ocasiones las venden como nuevas cuando la realidad es que son prendas -incluso tipo ceremoniales- que se tuvieron que vender ya usadas para conseguir algo de sustento. 

Después de comer visitamos también a la maestra alfarera Juana Gómez Ramírez, quien ha ganado fama internacional por el trabajo del jaguar. En su cooperativa participan hombres, pero sólo en la producción. La labor de ventas y comercialización es netamente trabajo de mujeres. En cuestión de minutos estábamos rodeados por colaboradoras -en su mayoría familiares- que estaban felices de compartir sus procesos de trabajo. 

Aquí me gustaría hacer un pequeño paréntesis para reconocer nuevamente a Casilda Mut por otro punto que me pareció importante. Si bien admite que no todos sus procesos son 100% sustentables, su labor por hacer lo mejor por el planeta es tan evidente como su esfuerzo por beneficiar a la sociedad. Ha realizado piezas con esquema de upcycling, desde elementos decorativos, hasta bolsas para entrega y unos hermosos collares inspirados en la región pero elaborados de desperdicio textil que se genera en el taller.

NGOimpacto 

Hubo una segunda visita, en la que NGOimpacto me llevó nuevamente a Aguacatenango para conocer su labor en la comunidad. Como mencioné anteriormente, es necesario el acceso a la información para poder tomar decisiones que beneficien al individuo. Es por esto que esta organización realiza reuniones colectivas en las que busca brindar las herramientas necesarias para que las mujeres artesanas puedan identificar esquemas de trabajo éticos. 

En la reunión colectiva ocupamos la casa de una líder de grupo -la cual se elige por la comunidad- y nos dispusimos a aprender el uso de la cinta métrica. Las mujeres artesanas suelen usar el cuerpo como medidas: principalmente dedos, manos y brazos. El poder usar el sistema métrico les permite colaborar con marcas que tienen estándares de producción precisos. Al tiempo que Alicia, una de las colaboradoras de NGOimpacto explicaba en español, Elva traducía al tzental. La actividad concluía con un ejercicio en el que las participantes debían tomar medidas de diferentes huipiles. 

Al mismo tiempo, en otra casa, se llevó a cabo un taller orientado más al crecimiento personal. Las colaboradoras de la organización me explicaban lo importante que es apoyar a las mujeres no sólo en el conocimiento técnico sino también en el desarrollo humano. Sí, la intención es conseguir oportunidades éticas que aporten a la vida. Pero también es necesario empoderar a las mujeres para que estén seguras de sí mismas, del valor de su trabajo y su capacidad como emprendedoras. 

Cuando crecemos en una sociedad acostumbrada al consumismo nos olvidamos de la parte humana. Es por esto que no sabemos cómo identificar prácticas de moda ética y nos sentimos mal al preguntar. Es normal, lo importante para todos los relacionados en un esquema comercial ético es la información. Desde las mujeres artesanas que identifican el valor de su trabajo y se entienden como empresarias; hasta nosotros consumidores que admitimos nuestra ignorancia y nos acercamos a diseñadores, organizaciones y artesanas para preguntar de manera honesta sobre procesos, significado, historia y cultura. 

De todo esto aprendí lo importante que es la curiosidad y él acceso a la información. El garantizar que las decisiones de participar en un esquema de comercio vengan desde la raíz -las mujeres artesanas- es lo crucial y más importante. No pasa nada como consumidores si sentimos la necesidad de preguntar, al contrario; deberíamos hacerlo siempre como un hábito. 

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