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La agricultura del presente

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Muchxs de nosotrxs crecimos viendo o leyendo sobre super héroes con habilidades extraordinarias como la capacidad de regenerarse al instante; refiriendo al mecanismo biológico de reparación autónoma o de restauración de los órganos o tejidos envejecidos, dañados o perdidos. En los comics, seres inmortales por lo mismo. Inevitable pensar en Wolverine. En la agricultura, fuera de los comics, esta cualidad resulta ser nuestra esperanza, nuestra salvación, nuestro Wolverine. 

La agricultura regenerativa, junto con otras prácticas agrícolas respetuosas (siembra directa, conservación del suelo, agricultura orgánica) logran representar la condición principal para nuestro bienestar y supervivencia en un nuevo presente.  

Además de mantener la fertilidad de las áreas ya utilizadas para el cultivo, las técnicas utilizadas por la agricultura regenerativa permiten dar vida a terrenos en abandono; incluyendo reforestación, restauración y la fortificación de zonas de amortiguamiento para su conservación, priorizando la sostenibilidad ambiental y por ende la salud humana.  

Como especie nos hemos encargado de querer mejorar algo que ya es perfecto por naturaleza. La tierra tiene una capacidad natural de regenerarse y las practicas de cultivo que incluyen el abuso de los pesticidas y el arado mecánico, son algunos de los motivos que impiden completar este ciclo vital. 

Nuestros antepasados reconocían este poder que tenía la tierra y tal vez por ello incluso confiaban en ella sus plegarias.

Las chinampas

La chinampa es otro método de agricultura, que empleado por los mexicas y con la creencia de ser una técnica aún más antigua, todavía se mantiene vigente.  

México tanto triste, como orgullosamente, es el único lugar en el mundo que utiliza este método de cultivo artificial que al igual que la agricultura regenerativa, logra aprovechar al máximo los recursos naturales, en este caso siendo el agua su principal, ya que, al practicarse en lagos no tan profundos, no dependen del riego artificial ni agua de lluvia; siendo en Tlahuac y el lago de Xochimilco donde podemos ver su gran relevancia para la producción de alimento y plantas.  

Alimentos como el maíz, frijol, calabaza y el amaranto, este último un super food de México para el mundo. Son aún cultivados por los agricultores chinamperos que han logrado preservar esta tradición con conciencia.  

Además de su impacto en la productividad, las chinampas logran representar un sistema que permite conservar las áreas lacustres y que a su vez estas favorecen el clima y la condición del aire de la Ciudad de México.

Kibutz

Israel, por su parte, también se ha dedicado a preservar una tradición que inició a principios del siglo XX con origen en el Sionismo y Socialismo que pretendía en ese entonces establecer granjas colectivas y que terminó siendo parte fundamental en la creación del Estado de Israel y su movimiento obrero. Los Kibutz, palabra hebrea para reunirse, representan un inicio y futuro sustentable. 

En el presente y a pesar de su industrialización, estas sociedades agrícolas con tendencias utópicas no solo han ido creciendo en número, también han sabido como desarrollar nuevas técnicas agrícolas que permiten a los agricultores producir más con menos.  

La escasez de agua y un suelo pobre es lo que ha marcado la necesidad de entender a la tierra y saber sus necesidades, es por ello que los Kibutz han logrado adaptar su tecnología permitiendo, por ejemplo, que por medio de una cámara térmica se sepa cuanta agua necesitan los árboles buscando ser mas eficiente con las técnicas de riego, o incluso modificar algunas plantas para su mayor aprovechamiento y es así como se logra destinar las grandes cantidades de agua que se utilizaban para la agricultura, en otros recursos.  

Si bien, esta idea partía con nulas motivaciones económicas, a medida que la economía de Israel se ha ido fortaleciendo y algunos miembros de estas comunidades han ido obteniendo empleos considerados influyentes fuera de los Kibutz. Hoy día les es posible no sólo exportar productos agrícolas, sino también diamantes cortados y equipos de riego por goteo,  

Podemos decir entonces que este es nuestro presente y futuro; aprender a aprovechar al máximo nuestros recursos, a utilizar los sistemas ya establecidos para ello y desarrollar técnicas que al igual que en la agricultura responsable, nos permita una mayor resiliencia climática sin afectar la productividad.