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Las nuevas relaciones de cuidado que nos tocan a todas. 

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Sí, eres tú, pero también soy yo; somos las dos. En los últimos años me he encontrado con un creciente número de personas a mi alrededor que hablan de la responsabilidad afectiva. De esas relaciones de cuidado que construimos con parejas y amistades; que posiblemente distan de las formas en las que nos enseñaron a relacionarnos o de las relaciones mismas que atestiguamos toda la vida. Esta responsabilidad afectiva se caracteriza por la búsqueda de un balance entre nuestras necesidades y deseos en la relación, al tiempo que cuidamos las emociones de las otras personas.

Las relaciones basadas en la responsabilidad afectiva, reconocen que tenemos una capacidad transformadora donde no sólo somos veleros en la marea de las decisiones ajenas. Sino que también somos responsables de nuestra transformación personal y, al mismo, tenemos responsabilidad con lo que sucede en el entorno; es decir, mantenemos una relación simbiótica con nuestro alrededor. Por supuesto que hay palabras y acciones que no tienen cabida en ninguna relación, particularmente aquellas que son violentas o generan desigualdad. Pero no podemos seguir culpando a otras personas de la forma en la que nos sentimos, reaccionamos y expresamos.

Necesitamos reflexionar, repensar, proponer y aplicar nuevas relaciones e interacciones, basadas en el respeto y la dignidad.

Bajo esta premisa, nuestro papel en las relaciones no serán ya más en forma pendular. Y en las que algunas giramos hacia un extremo que nos lleva a alejarnos de nuestra esencia e identidad. En otras, en las que nos volvemos intransigentes ante los sentimientos de los demás; nos encontramos en una época en la que buscamos (y quizá, anhelamos) encontrar formas más transparentes, igualitarias y honestas de relacionarnos con las personas, seres vivos y con el mundo. En general 

En una mecánica cotidianidad dedicada al consumo rápido y a la producción efectiva, la inversión en relaciones sanas resulta revolucionario. No sólo en los noviazgos y amistades, sino en todas las esferas de la vida humana, incluyendo nuestra relación con el entorno y el ambiente natural.


¡Pausa! ¿Por qué estamos hablando del ambiente natural en un artículo sobre responsabilidad afectiva?

La respuesta es mucho más sencilla de lo que crees; somos personas con actitudes y acciones que trasladamos a la diversidad de actividades que realizamos día con día es decir, la persona que somos con nuestras parejas; no es una persona distinta a la que va a hacer la compra, que sale con sus amix o que disfruta de una ducha tibia y reconfortante. Sumado a esto, la generalidad de las relaciones colectivas y personales reflejan la historia de la civilización; que ha puesto siempre lo masculino, lo hombre y la dominación. Como el centro del ejercicio del poder, caracterizado por el consumo de recursos y productos, pero también de cuerpos, vidas y emociones. 

Hemos trasladado esas mismas dinámicas de relacionarnos, a la forma en la que interactuamos con nuestros ecosistemas; igual que en aquel noviazgo o amistad tóxica, asumimos que nos pertenece, que debe resultarnos provechosa y tiene una capacidad infinita de dar. 

De la forma en que en nuestras amistades, amores y desamores comprendamos el impacto que nuestras acciones causan en el otro. Pronto hallaremos formas de traducirlo sobre nuestro ambiente. Por supuesto que cuando hablamos de responsabilidad afectiva no vamos a asumir que implica ausencia de conflicto. Pero sí la búsqueda de vías que eviten sufrimiento innecesario. 

Reconfigurar nuestros hábitos

Así como estamos aprendiendo a poner límites desde el respeto y el autocuidado, encontremos formas de reconfigurar la manera en la que consumimos, para que no rebase los límites de recuperación de nuestros campos y cuerpos de agua; también como estamos aprendiendo a hablar de lo que nos disgusta en la relación, traslademos las discusiones públicas y privadas sobre la necesidad de mejorar las regulaciones sobre la conservación ambiental; así como buscamos disminuir el calor de las discusiones entre pareja, hagamos alianzas para disminuir el calor de nuestro clima generado por el uso excesivo del vehículo y la falta de límites en la actividad industrial.

Así como construimos soluciones duraderas y francas a nuestros desacuerdos, desarrollemos vías para promover el uso de energías renovables en lugar de los combustibles; ó como aprendemos a disculpar y dedicar tiempo para sanar, comprendamos que nuestros ecosistemas requieren plazos para restaurarse y los bosques, para reforestarse; así como nos preocupamos por integrar a todas, reflexionemos y propongamos formas más justas de distribución de los recursos; finalmente, así como mostramos empatía con el malestar y dolor de otras personas, trabajemos para que las consecuencias de la contaminación y el cambio climático dejen de impactar principalmente a las mujeres y demás personas que viven en condiciones de desigualdad. 

Estamos en medio de una revolución necesaria que está reconstituyendo los patrones de pensamiento y acción, transitando a reconocernos como eslabones responsables y complementarios de los ecosistemas, y permitiéndonos mostrar nuestra vulnerabilidad y conectar desde ahí, con las necesidades de las demás formas de vida. El sistema capitalista ha fragmentado las comunidades en las que vivimos, pero estamos listas para transitar a un nuevo sistema de cuidado mutuo. 

No eres tú, pero tampoco soy yo; somos las dos, somos todas y para todas.

Foto por @andres.r.v