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Transformar la ciudad en un santuario

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SANTUARIO DE AVES; UN PROYECTO QUE BUSCA CREAR CUALQUIER ESPACIO, PEQUEÑO O GRANDE, EN UN REFUGIO PARA LOS OTROS RESIDENTES DE LAS CIUDADES


En ocasiones es difícil darse cuenta de lo mega-diverso que es nuestro país y la cantidad de seres con los que compartimos esta particular masa de tierra. Las ciudades han crecido tanto que es casi imposible creer que la Ciudad de México sea una de las más ricas en aves y polinizadores en el mundo; tan solo en la CDMX existen 365 especies diferentes de aves y alrededor de 2,000 abejas nativas. Estos números convierten a la ciudad en el hogar de un número de especies que sobrepasan las poblaciones de países enteros, sin embargo, durante un día cualquiera apenas logra notar abejas europeas y dos o tres tipos de aves diferentes.

Para Mónica Yadeún de Antuñano, fundadora del proyecto Santuario de Aves, el objetivo es cambiar de enfoque y lograr que las grandes urbes se conviertan en refugios para diferentes especies de aves y polinizadores en vez de un paisaje gris que crece sin control.

Solemos creer que la Ciudad de México es una mancha de cemento pero no, es de los lugares más fértiles del país. Al estar rodeada por montañas, facilita que las especies se adapten y vivan a distintas alturas. Esta ciudad es uno de los lugares clave para la biodiversidad. Aquí vivimos 20 millones de personas y muchas de ellas quieren ayudar pero no saben cómo.

Bajo la idea de pensar en una educación ambiental con enfoque positivo y dirigida a la sociedad civil, Mónica desarrolló la idea de Santuario de Aves, concebido como un experimento para pensar la conservación de otra forma: desde las ciudades, desde las mujeres, e integrando el conocimiento de los pueblos originarios. Al complementar el conocimiento científico tradicional con los saberes de comunidades indígenas se crea una visión nueva que responde a los problemas actuales y es accesible a la sociedad civil.

Santuario de Aves es un curso en el que a lo largo de 7 módulos, lxs participantes aprenden lo necesario para proveer refugio, comida y agua a distintos polinizadores y aves endémicas, ayudando así a ganar espacio al concreto y regenerando poblaciones de especies que habitan las ciudades. La duración es flexible ya que está diseñado para adaptarse a los horarios de lxs participantes e incluye un año de seguimiento para resolver dudas y entender por completo el entorno y a quienes que lo visitan.

Unirse al programa solo requiere tener acceso a un espacio exterior, sin importar qué tan pequeño sea. Gracias a su tamaño, las aves y polinizadores necesitan muy poco espacio y hasta una azotea es suficiente para mantener a una población entera de abejas.

Una alumna vive en Iztapalapa, tiene tan solo un balcón y un espacio compartido de azotea; ya la visitan 16 especies.

Durante el primer año del programa lograron ayudar a 72 especies diferentes en la ciudad y a la fecha cuentan con 110 participantes provenientes de 11 Estados del país. Todxs provienen de diferentes contextos, desde gente que vive en colonias con mayores recursos como gente de la periferia de las ciudades, que en ocasiones requieren de becas o medias becas para unirse. Todxs son bienvenidxs, todxs tienen la capacidad de generar cambios.

El proyecto también es un esfuerzo por hacer visible el trabajo de las mujeres en un área donde históricamente han sido ignoradas y las labores que realizan se consideran parte de una agenda menor. Según Mónica “cuando eres mujer y estudias conservación o educación ambiental, se acepta de antemano que no vas a ganar dinero, a diferencia de los hombres cuyos trabajos en estas áreas se pagan, se reconocen y se valoran.” Esta falta de atención por parte de la comunidad científica contribuye a crear disparidad de ingresos y a silenciar la agenda de las mujeres, la cual no puede crecer porque no se paga.

Otra parte importante es la de integrar el conocimiento y la participación activa de mujeres de pueblos originarios y así dejar de pensar que la forma occidental de hacer ciencia es la única forma de ver el mundo. A la fecha trabajan con mujeres de comunidades mixteca, purépecha, mixe y zapoteca, todas trabajan en áreas de dirección en conjunto con el resto del equipo de Santuario de Aves.

La crisis ambiental es una crisis de pensamiento. Es vital imaginar otras cosas, romper las reglas, pensar desde otras perspectivas. Y quién mejor que los pueblos originarios para ayudarnos a pensar otras posibilidades.

Gracias a este enfoque, el proyecto rompe con ideas de la educación ambiental tradicional, en la que se entiende toda acción humana cómo un impacto ambiental negativo y que “básicamente enseña a ser un buen consumidor, generando límites, angustia y a esta idea de creer que somos un virus que destruye todo. Esas ideas solo llaman a la inacción”.

El plan a futuro es que Santuario de Aves sea solo una de 3 áreas de un proyecto mucho mayor. Las dos restantes parten de la ciencia ciudadana. El primero, Refugio de Aves, planea adoptar espacios públicos y pensarlos para otras especies. El segundo, Guardianes de las Aves, se involucrará a escuelas y estudiantes de todas edades, evitando la idea de que solo algunxs pueden crear un impacto.

Creemos que lxs niñxs son agentes de cambio y que lo único que necesitan son las herramientas para que ellxs puedan hacerlo. Ahí es en donde necesitamos la ayuda de sus escuelas.

El objetivo es transformar y diseñar nuestros espacios siendo conscientes de las otras especies que habitan las ciudades. Con acciones tan sencillas como aprender qué polinizadores viven aquí y qué planta nativa necesitan, se abre la posibilidad de que cada azotea sea un refugio en potencia.

En la naturaleza tenemos derechos y obligaciones, las abejas toman néctar pero polinizan. Ninguna especie en la naturaleza toma sin regresar nada a cambio; más que nosotrxs y la forma en que podemos contribuir al ambiente no es limitando o deteniendo nuestro impacto. Se trata de reinsertarnos en la naturaleza, entender nuestro rol dentro de la red trófica. Se trata de dar de vuelta.

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Para involucrarte y comenzar tu propio refugio, visita Santuario de Aves

ENTREVISTA, TEXTO Y FOTOS: Paulina Figueroa Garduño

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