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Vistiendo la Cultura Desechable


Necesitamos un cambio radical en nuestras relaciones: las relaciones entre nosotros, con nuestra ropa, dentro de las cadenas de suministro de moda y con el mundo natural. Cinco diseñadores nacionales exploran su relación con los desechos para esta edición de Fashion Revolution Week.


Pensar en moda, en muchas ocasiones nos lleva a una cultura desechable. Las efímeras tendencias que impactan a la moda pueden durar tanto como un par de temporadas o tan poco como un post de Instagram. El consumismo nos hace pensar que la pieza que hoy deseamos con desesperación mañana no nos servirá más cuando otra la reemplace. 

Fashion Revolution Week inicia su campaña anual cuestionando y resaltando las problemáticas socio-ambientales derivadas de la industria de la moda. En su edición 2021, bajo el tema de Rights, Relationships & Revolution -derechos, relaciones y revolución- se llevarán a cabo actividades para aprender e idear una manera de hacer moda más amigable con el Planeta y sus habitantes. La reflexión a nivel global, explora cómo los derechos humanos y los derechos de la naturaleza están interconectados y son interdependientes.

En esta ocasión Luv.it se sumó a las actividades de Fashion Revolution México invitando a cinco talentosos diseñadores a un reto que involucró sus desechos. Continuando con su característica estética y haciendo uso de aquella “basura” que se originara en su taller y hogar, debían realizar una pieza. Pero eso no fue todo, la pieza debía ser usable, para evitar que terminara en desecho después del reto; y debía acompañarse de una reflexión a partir del ejercicio.

Estos son los resultados. 

María Ponce

Trashumancia es el nombre de la pieza que la joven diseñadora presenta para Vistiendo la Cultura Desechable. María es una promesa desde que cursaba la universidad. Su estilo maximalista y deconstructivo se enriquece con su proceso creativo y se nutre con su activismo en pro de la comunidad trans. 

Para su pieza, la diseñadora recolectó desechos textiles propios y de terceros para crear un vestido, a estos agregó fibras plásticas. La siguiente es su reflexión sobre el proceso y se acompaña con Instrucciones de Uso, complementando su concepto y nutriendo la inclusión de más personas en este ejercicio. 

Partiendo de una prenda que celebra la conciencia en el campo social e impacto al medio ambiente. ¿Cómo lograr un balance entre lo idílico, funcional y responsable? La propuesta inicial, un look pensado en gabinete individual, una prenda que protege, que se creó de lo olvidado, de los materiales que estuvieron contaminando visual y físicamente, recolectados del botadero, es una pieza feliz que abraza a todos, es una prenda que sin saber quien la portará, está emocionada por conocerle y escribir una historia, la moda se activa, es acerca de darle otra oportunidad al material, registrar en formato de bitácora los relatos que se experimentarán.

La trashumancia se define como un tipo de pastoreo en continuo movimiento, adaptándose en el espacio a zonas de productividad cambiante. Siendo el alma de esta pieza.

INSTRUCTIVO DE USO

Has recibido una prenda que hablará contigo, este abrigo ha sido realizado con una responsabilidad que aborda el impacto social y ecológico. Sus diferentes telas tienen una oportunidad más de acompañarte.

¡La moda se vive!

  1. Recíbela con cariño, úsala con estilo.
  2. Este abrigo viaja con un cuaderno. Escribe tu nombre y tu número de conteo, cuenta de Instagram y relata una historia que hayas vivido con esta prenda.
  3. Vívela 5 días máximo y déjala libre. Dásela a alguien que tú decidas, continúe su trayectoria.
  4. Queremos saber cuando esté contigo. Etiquétanos @maria.ponce.n @luvit 
  5. Si eres la persona número 50 en recibirla, tienes la tarea de regresar la prenda a su origen, el viaje ya ha terminado y ahora se preparará para un camino nuevo. Puedes escribir al 55151**104 para su regreso.

022.2

Latin Papi (José Antonio Hernández M), es un creativo que radica en la Ciudad de México, su especialidad es el diseño gráfico. Recientemente inició su proyecto 022.2, en el cual crea joyería lúdica mezclando piedras preciosas, semipreciosas, metales y bisutería. Sus diseños son divertidos y en ocasiones recuerdan a la nostalgia de los accesorios plásticos que abundaban en la década de los años 90. 

Sus piezas se producen bajo pedido, aprovechando así los materiales y garantizando el zero waste. Esto ocasionó que el desarrollo de su pieza para Vistiendo la Cultura Desechable fuera algo complicado. Esto lo llevó a buscar una problemática latente dentro de la joyería y bisutería, y encontró el desperdicio de materiales como cadenas, cristales, etcétera. En ocasiones se rompe el hilo que las contiene o se daña y termina como material defectuoso, no apto para el uso. 

Así que decidió ir con su proveedora y solicitar una bolsa llena de todo aquel material que se considera defectuoso. A estas cuentas sumó más material que le había sobrado de proyectos pasados. Pero al momento de decidir cómo unir todas esas cuentas se encontró con una sorpresa. Su esposo y él se encontraban haciendo limpieza de primavera cuando llegaron al cajón de los cables. Ese que seguro todos tenemos donde terminan aquellos que ya no funcionan o simplemente no recordamos de dónde salieron. 

Latin Papi decidió usar un cable de cargador que al quitarle el plástico, revelaba un entramado de cables metálicos. La pieza se había ideado como un collar, pero al dejar la parte que se conecta al celular descubrió que también podía usarse como phone holder. Esto lo llevó a una nueva reflexión: el consumo y lo desechable no termina en el plano físico; ahora esta cultura invade también el mundo digital. 

Steph Orozco

El caso de Steph Ororzco fue un tanto diferente al del resto de los diseñadores. La creativa mexicana se encuentra viviendo en Estocolmo, donde la cultura de lo desechable es totalmente diferente a la nuestra. Desde el inicio del proyecto nos externó su preocupación por conseguir los desechos suficientes para el reto. En un país donde la basura está prohibida, el reto era conseguirla. 

La diseñadora colecciona empaques desde que se mudó a la capital de Suecia. Esto como “registro que le recordará lo verídico de su existencia en este lugar, los vestigios de su cotidianidad”. El resultado es un vestido que nos invita a reflexionar sobre la importancia del empaque, su origen natural y las consecuencias de los artificiales, de personalidad desechable; creados por el hombre. 

La siguiente es su reflexión en torno a la pieza:

¿Es la envoltura solo la interfaz que nos relaciona con la intemperie? 

Muchos productos se conservan en una segunda piel protectora, las semillas se protegen entre la pulpa de las frutas y Amazon mete en cajas nuevas cualquier cosa para evitar el deterioro de lo enviado. Es obvio que la cáscara de un plátano cubre su rol como protector y permanece útil al fertilizar el suelo haciendo crecer otros plátanos. Pero, la envoltura de plástico ¿qué fertiliza? ¿Sobre cuál terreno cae?  Obviamente es nociva para el suelo pero también genera una cadena de identificación y memoria muy importante, que en algunos productos -y personas- sustituye casi el valor de lo interior. 

¿Es posible hablar de la responsabilidad ecológica de alguien que recibe un producto masificado en una envoltura abaratada y por ende irresponsable? El consumidor está sujeto a las prioridades de la marca por hacer barato o impactante esta cobertura… está sujeto. 

En esta pieza pretendemos hablar de cómo el cuerpo padece la envoltura y a su vez define su personalidad. Somos el contenido vaciado en una cobertura y necesitamos de ella como etiqueta informativa y coraza protectora. Una especie de nomadismo hace necesario empaques individuales portátiles. Una falta de identificación emocional con el vendedor de la avena nos hace poner la cara de un viejito en su empaque. Nuestra ropa hace más rápida la identificación de nuestras preferencias e identidades políticas e ideológicas. En un mundo veloz es mejor identificar rápido quien me es nocivo o estimulante.

¿Quién es responsable del futuro de nuestras envolturas? Quien las fabrica, quien las hace legales, quien las consume; o quien las carga de significado al punto de extrañar al amigo Tigre Toño o al Oso Bimbo como un amigo y no  como el resultado del análisis de un grupo de expertos que diseñan estos vínculos dada la ausencia de otros.

Mayi Escobar

“¿Qué es el trabajo justo y la sobreproducción en la moda?” Esto es lo primero que me planteé al comenzar con mi investigación al respecto. Así que me dediqué a buscar el significado literal de estos dos conceptos, con lo que puede llegar a las explicaciones más simples; como que la sobreproducción es “la situación económica en la que se produce un exceso de oferta de productos sobre la demanda del mercado”. Que el trabajo justo se basa de acuerdo a la Constitución Mexicana, en pagos de salarios iguales por el mismo trabajo sin distinción de sexo o nacionalidad (gob.mx ,2021).

Pero al tener esto en claro ¿que más abarcan estos conceptos y cómo esto afecta a la sustentabilidad en la industria de la moda? Al encontrarme en una investigación y reflexión más profunda, otros conceptos comenzaron a hacer conexión con la temática, tales como el consumismo, demanda, conectividad, empatía, humanismo y de más; a raíz de esto pude darme cuenta cómo es que todo es un ciclo, como es que todo y todes estames conectades, y como siempre la conversación recae en el cuestionarnos los principios humanitarios y psicológicos o éticos-morales de la sociedad , en el reconocer y preguntarnos ¿por qué? 

Con esta reflexión inicia la joven estudiante de diseño textil en la UDEM, su producción para esta colaboración que relaciona a la moda con una cultura desechable. Dicha reflexión la llevó a un proceso de investigación en el que exploró conceptos relacionados con el consumo y la sobreproducción. En una sociedad que apremia las tendencias y a aquellos en ellas, el consumo de productos de moda es obsesivo. Y no sólo eso, también está el efecto de placer: el consumo nos da placer, por lo cual lo usamos para lidiar con nuestras emociones. Estos hábitos de consumo ocasionan que la industria deba producir a toda costa, abusando del medio ambiente y de las personas. 

Este cuestionamiento llevó a Mayi a desarrollar una pieza que emplea bolsas plásticas como materia prima, las cuales también considera símbolo de la sobreproducción. Su diseño experimental integra también tela de proyectos pasados, la cual se tiñó por medio de tie dye. La unión de ambos materiales representa la conectividad humana. Además, se emplearon bolsas plásticas para dar textura los cuales se tensaron con retazos de tela. La conclusión de Mayi es la necesidad de cuestionarnos el porqué de nuestros hábitos de consumo y la cultura desechable. Además de la importancia de saber los procesos y personas involucradas en la producción de nuestra ropa. 

Es tiempo de reconocer nuestra conexión entre seres humanos de unos con otro, así como nuestra conexión con el planeta y preguntarnos si nuestra decisión al consumir solo brinda comodidad y satisfacción efímera , si es solo ropa o si tiene un propósito , si realmente es moda , ya que “el verdadero significado y la belleza de lo que es moda, se diluye si no tiene alma” (Press, 2016)

Guillermo Jester

Guillermo es un diseñador que radica en San Cristóbal de las Casas y cuyo trabajo se basa en la indumentaria tradicional mexicana. Sus piezas libres de género involucran procesos artesanales, ejecutados por talentosas mujeres de la región. 

Para este reto, Guillermo invitó a participar a María González, Elena y Martha; artesanas de Talonhuitz en San Andrés Larráinzar, Chiapas. El diseñador les propuso colocar tres telares de cintura para desarrollar lienzos con medidas específicas y preparar el tramado con hilo de algodón. Al llegar, él les mostró las bolsas plásticas transparentes y negras, las cuales serían cortadas en tiras para posteriormente tejerse con el hilo para crear un diseño experimental. 

La reflexión de Guillermo giraba en torno al consumo de bolsas plásticas y su almacenamiento. En la cultura mexicana es común almacenar las bolsas que nos entregan con nuestras compras. Sí, es una manera de evitar ver este producto como desechable; pero en muchas ocasiones sólo terminamos por almacenarlas compulsivamente. El ejercicio sirvió a Guillermo para conversar con las compañeras artesanas sobre los desechos en su comunidad.

En Talonhuitz, el servicio de recolección de basura no puede acceder, así que la comunidad se encarga de sus desechos. Aquellos orgánicos son arrojados a la milpa, esperando su descomposición natural. Pero por el lado de los inorgánicos, estos se queman. La comunidad es consciente de lo tóxico que puede ser la quema de lo desechable -a Martha le duele la cabeza cuando está cerca del humo- pero no conocen otra manera de lidiar con estos residuos. 

La pieza final es un abrigo que, por su diseño; no desperdició nada de material destinado a su construcción. Las bolsas plásticas se integraron en un diseño de rombos elaborado por María y en los flecos a lo largo de los brazos y espalda. El equipo quedó impactado con lo bien que resultó. 


Nota del editor: Vistiendo la Cultura Desechable es una colaboración entre Luv.it y Fashion Revolution México. Los cinco diseñadores se publicarán a lo largo de la semana. Esta nota se actualizará en cuatro ocasiones del 19 al 21 de abril del 2021.

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